jueves, 14 de julio de 2022

Strange rock & "rol" hype

 



Yo y mi bendita maña de no tener los dedos quietos en el teclado me traen aquí de nuevo, jalando el pelo de ambos lados de la polémica, esta vez me meto con el hype y lo insignificante que resulta si usted no lo produce. Si se sintió aludido, pase a leer mis poco adecuados artículos para la extensión que recomienda internet.

 

Jaime Garzón parafraseando los estudios filosóficos de Fernando Gonzalez1, soltaría una muy curiosa frase que aún resuena en mi cabeza cada vez que veo en productos audiovisuales y auges de temas en internet (hypes, eso que tanto le gusta a la mercadotecnia moderna):

 

“En Colombia, los ricos se creen ingleses, la clase media se cree gringa, los intelectuales se creen franceses y los pobres… se creen mexicanos”

 

Ahora bien, ¿que diablos tiene que ver el hype de una serie o una película o hasta un videojuego, con aquello que no somos, con nuestra falta de identidad? Pues mucho, porque ahora resulta que con lo que nosotros nos identificamos tiene que ver muchísimo con nuestra cultura como sociedad, entendiéndose desde el punto de vista de tradición por lo menos esta vez. entonces esta ola de ruido y conmoción mediática digital arranca en Estados Unidos y regresara allá al final por esa razón.

 

Veo lo que sucede con el hype siempre con una serie de sentimientos encontrados, por una parte me causa apatía porque no me genera mayor conmoción, me siento como el George Harrison del capítulo de los borbotones (obvio el referente universal de los Simpson) al observar que esto ya se ha hecho y por el otro, me sigue sorprendiendo como a pesar de que no soy el único que ya vivió o ha visto aquello, encuentro que muchos se sorprenden, se conmueven, se emocionan como si les hubieran borrado la memoria o siempre supieran encontrar la manera de excitar los sentidos de aquellas personas una y otra vez. Tomemos el ejemplo que me llevo a escribir esto: Stranger things. En cada temporada se las arreglan para producir conmoción y movimiento de redes por varios factores, dejaré de último el de la identidad.

 

Esto ya se ha visto

Netflix no es una empresa tonta, es muy probable que la pérdida de suscriptores obedezca realmente a la cancelación de la transmisión a Rusia, es la plataforma que inventó todo esto y ha sido capaz de atreverse a cosas que las majors estudian por años, la que mando a la tumba a Blockbuster y sacó cosas como el batazo de Roma de Cuarón, un película que dura fácilmente media temporada de una serie como El Irlandés de Martin (su majestad) Scorsese, el primer éxito de serie exclusiva con House of Cards, el otro batazo de Birdbox, una antología a la altura de Animatrix como Love Death + Robots, las mejores adaptaciones de videojuegos como Castelvania o Arcane o experimentos de vanguardia como Black Mirror y su capitulo de Bandersnatch. Se le rió en la cara a Disney + cuando cometieron el error de principiante de ofrecer un mes gratis con la primera temporada de The Mandalorian subida y se da el lujo de poner de rodillas a toda la población hispanohablante del planeta por anunciar que sacará a Betty la fea de su catalogo, lo que suceda en otras plataformas es intrascendente, esta gente de Netflix, sin tener la historia legendaria de las otras o los miles de millones de Apple o Amazon, dicta las reglas de la nueva televisión.

 

Stranger things es uno de sus productos más elaborados, fue el que más sacó provecho de subir la temporada completa de tacazo para que su público se atragantara toda una noche y la madrugada todo ese material nostálgico sin masticar, regurgitandolo al otro día en el trabajo o en el estudio, pero sobre todo en redes sociales en forma de conversación, pero con la sofisticación de las abejas, ese aromático vomito que es la miel de los comentarios, tweets y memes atrajo a miles de bichos variopintos a la plataforma, reunía muchos factores ganadores, la obvia nostalgia de los 80’s para un segmento, la narrativa contemporánea en el guion y la dirección para otro segmento, actores infantiles muy carismáticos y otros reconocidos como Winona (buenona) Rider para otros segmentos más y la cereza en el pastel con temas como Calabozos y Dragones para cierto nicho. Entonces tenemos una buena picada, taco al pastor, arepa rellena, tapas, asado o como quieran decirle a una mesa llena de los ingredientes necesarios, una especie de E.T. + Goonies + cine slasher con salsa contemporánea visual y una base retro.

 

De cualquiera de los factores anteriormente mencionados la serie puede sacar hype, cada uno de esos segmentos de público se i d e n t i f i c a con algo de lo que ahí sale, pero ojo que esos segmentos de público no fueron el resultado del tema de la serie, todo lo contrario, el consumidor de netflix y otros segmentos a conquistar era la razón de escribir Stranger things: Generación X (los niños en la serie vendrían siendo eso), millenials, centenials, geeks, cinéfilos, old school gamers, el público que era niño en primera temporada (y ha crecido con los personajes), comunidad LGBTIQ+ etc. (en 3 temporada) y así.

 

De hecho es el público objetivo, ya es estrategia si quieres que hagan buen o mal ruido, ambos sirven.

Vamos cerrando el círculo, a pesar que esos nichos parezcan amplios no lo son tanto, eso sin contar que son algunos tan diferentes a los otros que tenerlos todos en el mismo barco es una bomba de tiempo y sucedió en esta última temporada, todo gracias a esa delicada herramienta de mercadeo del hype, ya que su materia prima es el algoritmo de las redes sociales, ese caprichoso semidios primigenio amante del caos. Lo que pasa es que el algoritmo filtra de tal manera que al atiborrar nuestra pantalla de inicio de redes, pareciera que todo el planeta estuviera en el mismo tema para con ello, tenerte pegado con cualquier clase de contenido relacionado al móvil.

La bomba estalla cuando los nichos más disimiles se cruzan, se cruzan precisamente con lo que se identifican, con los juegos de rol (más específicamente calabozos y dragones) no sucede eso porque para los que amamos el rol de mesa cualquier promoción o referente popular es bienvenido para que el común de la gente entienda de que se trata. Con el rock y en especial el metal es otra cosa porque fue algo por lo que se le estigmatizó a la juventud por décadas, se podría decir por medio siglo de hecho, entonces que ahora gracias al final de la temporada 4 de Stranger things sea algo popular puede sentirse injusto para ese público, es como si ellos sintieran que unicamente aquellos de edad y estigmatización suficiente merecieran ser los que disfrutaran por alguna especie de extraño código social, del metal, inclusive del más comercial, dudo que en la serie pusieran Cannibal corpse o Slayer, tenia que ser algo que, como en los 80’s, toda la juventud rebelde escuchara. Por el otro lado, el centennial ve el metal, el juego de rol y de hecho todo el imaginario de la serie como algo fascinante, a mi me sirve un montón lo repito, me alegra y me acerca a ellos, nunca fui un "trasher" como Eddie Munson, en esa década era un niño de menos de 10 años que el único disco al cual era devoto era los "canti cuentos" y lo más salvaje que escuchaba era "El jardinero" de Wilfrido Vargas, porque en fiestas familiares me interrumpían mis juegos infantiles para fungir de monigote tierno para mis tías poniéndome a bailar con ellas, por eso no aprendí a bailar, por esa aversión terrible.

Aunque uno que otro chistoso de las redes afirma que Wilfrido es el trasher original (ni idea pero el concepto me parece muy gracioso si lo pensamos), se tenia algo paradójico en los 80´s, algo que no comprenden los centennials y es que en aquel entonces se imponía una sola identidad, una sola forma de ver el mundo para todos por la hegemonía de los medios de comunicación, si no te gustaba lo que oía, vestía y veía todo el mundo eras prácticamente un paria, inclusive el metalero en aquel entonces era un paria, pero para hacer parte de esa tribu había que más o menos comportarse como una de Mad Max, porque no solamente era la sociedad ultracatólica que te tildaba de «mechudo marihuanero» sino que los punk estaban dispuestos a patearte con botas industriales punta de acero y trozarte con navaja oxidada, solo por lo que escuchabas, JAMAS un metalero iba a jugar o narrar calabozos y dragones, eso era de nerds pateables y primero pensaba en si mismo que en sacrificarse para distraer demonios dimensionales.

 

Grupo de Medellin "Danger" año 1983. 0 calabozos y dragones y 0 glamour de Eddie Munson. 
Fuente: https://www.timetoast.com/timelines/historia-del-metal-colombiano

Porque nosotros en aquel entonces como sociedad, esto es una apreciación personal, solo expresábamos lo peor de cada cosa con la que nos identificábamos, me explico, del metal importado de estados unidos solo sacábamos la agresividad y la marginalidad, del catolicismo de nuestros conquistadores solo sacamos la doble moral y santurronería, de lo caribeño como el merengue y la salsa (que tiene orígenes estadounidenses también) solo la lascividad y la perdición. Autenticidad no había entonces y no la hay ahora, antes era impuesta a la brava por la sociedad y los medios masivos que no tenían contrapeso y ahora de manera camuflada con el algoritmo, de no sentirte solo ni siquiera digitalmente por no estar en el hype, o por botar «hate» una extraña nueva presión social digital, la endiablada mercadotecnia moderna que ya no te deja descansar y explica gran parte de la ansiedad de muchos.

 

¿Con que nos deberíamos identificar entonces? Complicado responder porque por más auténticos que busquemos ser, somo seres sociales y nuestras particularidades están determinadas por puros agentes externos que nos van moldeando lenta y sutilmente, no se trata de negar a toda costa aquello que nos ha influenciado, no vamos ahora a pretender ser indígenas cuando nuestro origen no es ese, más bien se trata de desmitificar todo aquello que ha moldeado nuestra personalidad, entender sus complejidades, sus claroscuros y a partir de ahí buscar crear nuestra propia identidad a partir de esos sustratos, no ser loros que repiten algo, sino pájaros cantores que componen algo nuevo a partir de lo que escuchan. stranger things o el metal de los 80’s no deberían ser imbuidos de tanta mística, hay que bajarlos a la mesa de estudio y revisarlos como lo que son, productos culturales que luego de saborear críticamente, de catar para nuestro registro personal, diremos si nos gusta o no, más allá de neurastenias mediáticas, de malévolas fuerzas de mercadotecnia digital, tampoco debemos caer en la arrogancia de seer los poseedores de la verdad por ser críticos, eso debe quedar en nuestro fuero personal y resistir la tentación de andar pregonándolo a los cuatro vientos, yo no pienso hacerlo en ninguno de estos artículos, eso es una trampa del ego, motivada por el primigenio digital porque mi opinión sencillamente no es necesaria ni necesitamos que los demás la sepan para respirar.

 

Como dice un gran maestro contemporáneo: «No debo mitificar paradigmas, solo permito que entre del mito aquello a lo que me remito y que funciona, tomo del paradigma lo que sirve para crear mi realidad».

 

Antes, como ahora, debemos despertar ante la realidad que muchas veces es más simple, nadie te esta presionando para bailar merengue, ni para defender la sacralidad del metal, ni para verte una serie ni para hacer parte de un hype o moda. Si llegases a apagar el teléfono móvil por una semana no vas a morir y te darás cuenta que como en los 80’s, como hace 100 años, como ahora, todo depende de ti, de como asumas tu realidad, porque los sentidos con que la captas solo son tuyos y tienes que aceptar que gran parte de como transcurre la realidad ante ti depende de eso, de como lo asumas.

 Postdata:
¿Que donde había visto esto antes? Miren este videoclip:




1  Ospina, William. ¿ Dónde está la franja amarilla?. Mondadori, 2012. Página 63

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